Educación universitaria en Chile · Reporte regional

La región de Valparaíso

11 universidades en 14 sedes. Reparten en Gran Valparaíso (10), Aconcagua (3), Quillota (1).

De ellas, 1 en retirada —U. Tecnológica de Chile INACAP · Gran Valparaíso (37 estudiantes)—: conserva matrícula de años anteriores pero ya casi no recibe estudiantes nuevos. Queda fuera de los gráficos y del análisis que siguen, porque su perfil describe una matrícula que se vacía, no una estrategia frente a sus competidores. Todo lo que sigue es matrícula de pregrado en carreras que conducen a licenciatura. Se habla de mercado, competidores y captación porque el análisis sigue al estudiante y sus decisiones — es un marco analítico, no una postura sobre cómo debería organizarse la educación. Cómo está construido el análisis, al final, en Sobre este reporte.

En síntesis

1 · Quiénes son

Cuántos entran, en cuántas carreras, y cómo llegó cada sede a ese tamaño. Comparar una sede de 71 carreras con una de 1 sin decirlo hace parecer equivalentes cosas que no lo son.

Cuántos son

Los dos gráficos que siguen se leen en conjunto: el tamaño solo no dice a qué apunta una sede. Una sede grande con pocas carreras concentra volumen en un mercado masivo; una sede grande con muchas carreras es grande por amplitud, no por volumen en cada una. Son estrategias distintas y la matrícula las deja idénticas — por eso "más grande" no significa masiva en cada una de sus carreras.

El tamaño es el del gráfico "Entrantes 2021-2025": entrantes acumulados en cinco años, contados sobre todas las carreras que dicta cada sede.

Cómo han cambiado

Matrícula total por año, 2007-2025 — todos los estudiantes de la sede en cada año, no solo quienes ingresan por primera vez. Se computa sobre el mismo universo que el resto de este documento y con la misma definición de sede.

Dentro de una misma región las trayectorias no se parecen: hay sedes que crecieron diez veces y otras que se contrajeron.

El tamaño, y hacia dónde va cada una

Lo que muestra. La más grande hoy es Pontificia U. Católica de Valparaíso, con 17.058 estudiantes de matrícula total en 2025, y también la que más carreras dicta (71): su tamaño viene de la amplitud tanto como del volumen.

Y la foto de tamaño no dice hacia dónde va cada una. Pontificia U. Católica de Valparaíso: creció y se estabilizó (16.545 → 17.058 entre 2022 y 2025). Crecen hoy 7 de 12 sedes: U. Adolfo Ibáñez, U. de Valparaíso, U. Andrés Bello entre otras. Y 2 pierden matrícula.

Una explicación compatible con que una sede grande esté estable y otra menor creciendo es que compitan por públicos distintos —una por cobertura y otra por selectividad— y no por el mismo estudiante. Distinguirlo exige mirar puntaje y origen, no la serie de matrícula.

A qué edad llegan

La edad de ingreso separa dos públicos: quien llega directo de la enseñanza media y quien vuelve a estudiar en la adultez. La línea punteada de cada gráfico es el valor nacional, computado sobre todos los estudiantes del país, así que un valor se lee como alto o bajo en el país, no solo dentro de esta región.

A qué público apunta cada sede

Lo que muestra. La edad de ingreso dice a qué público apunta cada sede. 11 de las 13 sedes activas tienen mediana de 20 años o menos — reciben a quien acaba de salir de la enseñanza media. Ninguna supera el 50% de mayores de 30, pero U. de Aconcagua tiene mediana de 26 años: recibe a quien vuelve a estudiar, no a quien recién egresa.

La edad se lee junto a la jornada y la modalidad, que vienen a continuación: son la misma estrategia vista desde el lado de la oferta.

De noche y a distancia

La jornada vespertina y la modalidad online son decisiones de oferta: dicen a quién quiere servir cada sede. La línea punteada, de nuevo, es el valor nacional.

La jornada sigue al público

Lo que muestra. En una sede de público adulto es esperable más jornada vespertina que en el resto, y así es: 24% de su matrícula, contra 5,2% en el país.

Una explicación compatible con una sede de edad alta y poco vespertino es que su público adulto estudie a distancia en vez de por la noche. Estos ejes y la edad describen la misma estrategia desde ángulos distintos y conviene leerlos juntos.

2 · Con qué llegan

La distribución completa, no el promedio

Esta sección mira el puntaje PAES de quienes rindieron la prueba y se matricularon en cada sede — no del alumnado completo, y tampoco solo de quienes entraron por la vía centralizada: haber rendido la PAES no obliga a entrar por ella. Dos sedes con la misma mediana pueden tener anchos muy distintos: la caja va del percentil 25 al 75, la línea marca la mediana, y los bigotes llegan a p10 y p90.

Fuente y alcance. PAES —promedio de Competencia Lectora y Matemática 1— del proceso de admisión del año en que cada estudiante entró. Cubre entrantes 2023-2025: la PAES no existe antes del proceso 2023, y quienes entraron en 2021 o 2022 rindieron la PTU, que es otra escala y no se mezcla con ésta.

Dentro de esos años cubre solo a quienes rindieron la prueba, y esa fracción varía mucho entre sedes —ver vía centralizada más abajo— así que la caja no describe al alumnado completo de cada sede, sino a la parte de él que rindió la PAES. Quien rindió pudo entrar por la vía centralizada o por otra: son preguntas distintas, y la segunda tiene su propio eje más abajo.

El ancho es tan informativo como el centro: una sede angosta recibe un alumnado parejo en puntaje; una ancha recibe en la misma aula puntajes que en otras partes del sistema suelen quedar en instituciones distintas.

Si el bigote superior se despega mucho de la caja, la sospecha es que una carrera concentra los puntajes altos y estira la cola — el candidato natural es Medicina. Conviene verificarlo antes de leer el p90 como un rasgo de la institución: puede ser el efecto de qué carreras dicta, no de a quién admite.

Más de una sede concentra los mejores puntajes

Lo que muestra. U. Téc. Federico Santa María (p25 667) y U. Adolfo Ibáñez (p25 659): su cuarto inferior compite con el centro de las demás —la mediana de las otras sedes es 608—. Hay más de un actor en esa posición, y conviene decirlo: la selectividad de la región no es de una sola sede.

Pero el puntaje no es toda la película: dos sedes con la misma mediana pueden diferir en edad, origen socioeconómico, modalidad y financiamiento. La coincidencia obliga a mirar los otros ejes, no autoriza a concluir que son equivalentes.

La singularidad: qué carrera estira la cola

La sospecha de más arriba se puede verificar. Esta es, en cada sede, la carrera de mayor mediana PAES — la que empuja el bigote superior. La escala es la misma de la caja anterior, así que se leen juntas.

Cuando una sede tiene Medicina, casi siempre es ésta: es una carrera con un mercado de admisión propio, más parecido al de la misma carrera en otra región que al del resto de su propia institución. Por eso el p90 de una sede con Medicina no describe su política de admisión sino qué carreras dicta.

La línea completa va del mínimo al máximo de la carrera en esa sede; la caja, cuando está, es el rango intercuartil. Las filas marcadas ~ tienen menos de 30 puntajes y por eso van sin caja: con tan poca gente, unos percentiles fingirían una distribución que el dato no sostiene.

Aparecen solo las carreras con puntajes registrados en esta sede: si una carrera no está, es porque no se dicta ahí o porque no reúne el mínimo de puntajes.

Mismo alcance que la caja anterior: PAES, entrantes 2023-2025, solo quienes rindieron.

Medicina: la cola alta tiene nombre

Lo que muestra. 3 de las 13 sedes activas de la región tienen Medicina entre sus carreras de mayor puntaje, con medianas de 880 a 914 — contra medianas de sede de 526 a 750. Es una población distinta, no la cola de la misma: el máximo y el decil alto de esas sedes describen a esa carrera antes que a la institución.

Y las 10 que no la dictan no están un escalón abajo: siguen otra estrategia institucional. Dictar Medicina exige una apuesta que no se improvisa —cuerpo académico, campo clínico, acreditación—. Comparar máximos entre una sede con Medicina y una sin ella compara qué carreras dicta cada una, no cuán exigentes son al admitir.

Qué traen de la enseñanza media

El puntaje no es lo único que el estudiante trae. Venir en el 10% superior del propio curso mide rendimiento relativo al contexto escolar — una vara distinta, y deliberadamente no comparable con el puntaje absoluto.

El rango de la región, y quién lo estira

Lo que muestra. Entre la sede más selectiva y la menos hay 225 puntos de mediana — U. Téc. Federico Santa María en 750 contra U. de Aconcagua en 526. La distribución más ancha es la de U. de Valparaíso, con 346 puntos entre su decil bajo y su decil alto: recibe en la misma aula puntajes que en otras partes del sistema suelen quedar en instituciones distintas.

Una explicación compatible con que las medianas de las sedes intermedias estén tan juntas es que compitan por el mismo tramo de postulantes y ninguna corte muy por encima de las otras. Verificarlo exige mirar los cortes por carrera, no la mediana de la sede.

El 10% superior escolar se concentra en U. de Valparaíso

Lo que muestra. La sede que más estudiantes del 10% superior de su establecimiento concentra es U. de Valparaíso, con 40%. Esto mide rendimiento relativo al contexto escolar, no puntaje absoluto: ser el mejor de un curso no equivale a tener el mejor puntaje del país.

Y no lo explican las vías de equidad. Aunque todo su ingreso por PACE, BEA o género fuera del 10% superior, cubriría a lo más el 12% de esa concentración: la vía de equidad es 4,6% de su admisión. Lo más probable es que ambas cosas —adherir a las vías de equidad y atraer a los mejores de su establecimiento— sean rasgos del mismo tipo de institución, y no que una cause la otra.

Una explicación compatible que estos datos no descartan es la ponderación: una institución que le da peso alto al ranking en su fórmula de admisión concentra buenos percentiles sin que medie ningún cupo especial. Verificarlo exige cruzar este eje con la ponderación de cada programa, y eso todavía no está construido.

3 · El mercado

Quién se queda, quién se va, quién llega

El año más reciente. En 2025, la región recibió 12.749 estudiantes que entran directo desde el colegio, y 86,1% de sus egresados de enseñanza media que entraron directo a la universidad lo hizo en la propia región (ingreso 2025; el acumulado 2021-2025 da 86% — dos ventanas, por eso difieren).

Sobre la ventana completa —acumulado 2021-2025, no un promedio anual— las universidades de la región matricularon 58.618 entrantes, vengan de la región que vengan; y 51.628 egresados de enseñanza media de la región entraron directo a la universidad, acá o en cualquier otra parte del país. La razón entre ambos es el balance de captación universitaria, 1,14: por cada 10 egresados de la región que siguen a la universidad, las sedes locales matriculan 11,4 — el sistema universitario local es mayor que lo que la región aporta de estudiantes.

Cómo se cuentan estas cifras. Cuentan a quien entra a la universidad directo desde el colegio: sin matrícula previa en educación superior, y una sola vez —su primera entrada—, así que cambiar de carrera o pasar de plan común a especialidad no la vuelve a contar. Los porcentajes de se van comparten base con la retención —los egresados de enseñanza media de la región que entraron directo a una universidad— y los de vienen de se calculan sobre quienes entran a estudiar acá: cada barra responde a su propia pregunta.

Qué queda fuera. Quien entró a un CFT o un IP, o no siguió estudiando: por eso es retención universitaria y no acceso. Y quien llegó a la universidad después de pasar por un CFT o IP —una trayectoria real, que este indicador no mide— para que la cifra hable solo de la transición del colegio a la universidad.

A qué universidades de la capital se van

Cada barra es el peso de esa universidad dentro del flujo a la Metropolitana; la etiqueta de la derecha, qué fracción de quienes van ahí viene de colegio particular pagado — es lo que separa los dos tramos de la misma migración.

Lo esperable, y lo que destaca

Lo que muestra. Que 12% se vaya a la Metropolitana es lo esperable: ahí están las universidades de prestigio nacional y las carreras que localmente no existen. Lo que informa es el resto.

Y el destino tiene nombre: U. de Chile (14%), Pontificia U. Católica de Chile (12%), U. Andrés Bello (10%) concentran el 36% de ese flujo. Quien parte a la capital viene de colegio particular pagado en un 23%, contra 16% entre quienes se quedan. Pero no es un solo flujo: quien va a Pontificia U. Católica de Chile viene de colegio pagado en 51%; quien va a U. de Las Américas, en 3,8%. Son dos migraciones distintas dentro de la misma cifra. Y ningún otro destino supera el 2% de la generación: fuera de la capital, esta región no pierde gente hacia ninguna parte en particular.

Una explicación compatible con un flujo alto hacia una región vecina es que ahí haya una carrera de prestigio que localmente no se dicta, y no que la propia región expulse. Distinguirlo exige mirar qué carrera estudian los que se van, no cuántos son.

La mayoría estudia en la región

Lo que muestra. De cada 100 egresados de enseñanza media de Valparaíso que entran directo a la universidad, 86 se matriculan en una sede de la misma región y 14 lo hacen fuera. Esta es una medida de permanencia territorial de los egresados; no describe la composición del alumnado de las sedes locales. Su sistema universitario es mayor que lo que la región aporta de estudiantes — por cada 10 de esos egresados, sus sedes matriculan 11,4 (balance de captación 1,14). Quien se va, se va sobre todo a Metropolitana (12% de la generación). Los entrantes son casi todos de la propia región: el mayor origen externo, Metropolitana, aporta el 5%.

Qué estudian los que se van importa más que cuántos son. El 10% de los que emigran estudia una carrera que no se dicta en la región, y un 39% se fue a una sede menos selectiva teniendo la carrera en la región. Acá la oferta explica poco.

Quienes migran tienen una mediana PAES +24 puntos mayor que quienes permanecen. Entre quienes migran, el 22% egresó de un colegio particular pagado, frente al 16% de quienes permanecen.

Explicaciones compatibles, que pueden coexistir. La brecha puede reflejar que las carreras ausentes localmente sean más selectivas; que estudiantes con mayor capacidad económica puedan costear estudiar fuera; o que algunos prefieran universidades externas de mayor prestigio aun cuando la carrera exista en la región. Estos datos describen quiénes migran, pero no separan oferta académica, recursos económicos y preferencias institucionales. Distinguirlos exige comparar estudiantes de una misma carrera e incorporar antecedentes socioeconómicos y la selectividad del destino.

De dónde viene el alumnado de cada sede

Los flujos de arriba siguen a los egresados de la región y preguntan dónde estudian. Estos dos ejes parten desde cada sede y hacen la pregunta inversa: de dónde viene su alumnado y cuánto llega directo desde enseñanza media, en vez de venir de otra carrera o de un título previo.

Las dos cifras pueden coexistir: una región puede enviar parte de sus egresados fuera y, al mismo tiempo, tener sedes compuestas casi enteramente por alumnado local si recibe pocos estudiantes de otras regiones. Por eso este gráfico describe la composición de las sedes, no su tasa de permanencia territorial.

El alumnado local se reparte parejo

Lo que muestra. El alumnado que egresó de enseñanza media en la propia región se mueve entre 62% y 94% según la sede, sin que ninguna destaque como puerta de entrada de quienes vienen de fuera.

4 · De qué origen vienen

La brecha de puntaje según el establecimiento de egreso

El colegio donde se cursó la enseñanza media predice el puntaje, predice la migración y explica dónde se concentra cada tipo de estudiante — y los tres efectos son grandes en todas las regiones del país.

Acá se parte el alumnado de la región en dos: quienes egresaron de un colegio particular pagado y todo el resto (municipal, servicio local, particular subvencionado).

La brecha de mediana es de +106 puntos. No es un matiz: en ninguna región del país baja de +85. Al leer la caja de puntajes de una sede, parte de lo que se ve es la composición escolar de su alumnado, no su exigencia.

Quién se va, y a dónde

De los egresados de Valparaíso que entran directo a la universidad, 16% de quienes egresaron de un colegio pagado estudia en la Metropolitana, contra 11% de quienes egresaron de cualquier otro colegio — 1,5 veces más. (La comparación es entre tipos de colegio; el destino es siempre la Metropolitana.)

La diferencia es menor que en el resto del país, y la explicación más simple es la distancia: con la capital al lado, el resto del alumnado también llega.

El contexto nacional, en dos líneas

A nivel país, solo 5 sedes tienen mayoría de alumnado de colegio pagado: 4 en la Metropolitana, y U. Adolfo Ibáñez en Gran Valparaíso (75%). En regiones la norma es la mezcla: ese alumnado llega a las sedes más selectivas, pero ahí también llegan otros orígenes y casi ninguna termina con mayoría pagada — quien busca un entorno homogéneo emigra, y por eso emigra al doble de tasa.

Hasta acá el retrato es de la región completa. Los gráficos que siguen abren el mismo dato sede por sede.

⚠ Esto describe una asociación, no un mecanismo. Es compatible con preparación, capital cultural, acceso a preuniversitarios y selección previa del propio establecimiento, y estos datos no las separan. Y "particular pagado" es una categoría administrativa, no un nivel de ingreso: hay colegios pagados baratos y familias de altos ingresos en subvencionados.

Fuente y alcance. Tipo de colegio donde se egresó de enseñanza media, cruzado con la matrícula de primer año. Los percentiles cubren solo a quienes rindieron la PAES (entrantes 2023-2025); los porcentajes de migración, a todos los entrantes con establecimiento de egreso ubicable.

El origen escolar, sede por sede

La comparación de arriba es de la región completa. Acá se abre por sede: dónde se concentra cada origen. Los tres ejes miden cosas distintas y no son complementarios — un alumno prioritario puede además ser primera generación, y lo habitual es que lo sea.

5 · Cómo entran y quién paga

Dos preguntas que conviene no mezclar: por dónde entró y con qué financia sus estudios. La segunda depende sobre todo de la institución de destino, y ahí hay que entender el mecanismo: la gratuidad es una adhesión voluntaria de cada institución, que exige años mínimos de acreditación y acota los aranceles que puede cobrar a los estudiantes cubiertos. No adherir no es una exclusión — es una decisión de modelo de financiamiento. Por eso una institución masiva con alta proporción de alumnado vulnerable puede tener 0% de gratuidad: no es un error del dato.

Por qué puerta entran

La pregunta de esta parte: ¿la sede selecciona por puntaje, abre cupos de equidad, o su público llega por otro camino —desde la propia institución o con un título previo—? Los ejes no suman: la vía centralizada incluye a la de equidad, y el PACE es una parte de esa equidad.

Quién no selecciona por puntaje, y por qué

Lo que muestra. Lo que distingue a las sedes de esta región son las cifras más bajas del eje: U. de Aconcagua (5,5%) y U. de Viña del Mar (14%) y U. Adolfo Ibáñez (48%) admiten casi toda su matrícula fuera del sistema centralizado. Es una decisión sobre a quién buscan: su selección no pasa por el puntaje de la prueba.

Y el perfil acompaña: en esas sedes la edad mediana llega a 26 años, con 39% de mayores de 30. A nivel país este eje se asocia más con venir directo de la enseñanza media (r = +0,89) que con el puntaje (+0,51): una fracción baja no significa "admite a cualquiera" — significa que su público no viene directo de la enseñanza media, y el sistema centralizado está hecho para quien sí.

Sobre la vía PACE

El PACE (Programa de Acompañamiento y Acceso Efectivo a la Educación Superior) es una política pública de acceso: las universidades firman convenio, acompañan durante la enseñanza media a establecimientos de mayor vulnerabilidad, y reservan cupos para estudiantes destacados de esos establecimientos por su rendimiento relativo a su propio contexto escolar, no por puntaje absoluto.

La presencia de matrícula por vía PACE refleja, en primer término, una decisión institucional de participar mediante convenio en una política pública de acceso y acompañamiento. Esa decisión puede expresar una orientación estratégica hacia la equidad, la vinculación territorial y el fortalecimiento de trayectorias de estudiantes de establecimientos con mayor vulnerabilidad. Sin embargo, la matrícula PACE efectiva también depende de la oferta de carreras y sedes, de los establecimientos acompañados, de la elegibilidad y postulación de estudiantes, y de la asignación centralizada de vacantes.

Y tener convenio PACE separa casi perfectamente al Consejo de Rectores del resto: a nivel país lo tiene el 93% de las sedes estatales CRUCH y el 89% de las privadas CRUCH, contra el 15% de las privadas fuera del consejo. Un 0% en una privada no CRUCH es lo normal de su grupo; un 0% en una CRUCH sí sería una excepción que preguntar. Y PACE es una parte de la admisión por equidad que aparece más abajo, no un eje paralelo que se sume.

El PACE dibuja al Consejo de Rectores

Lo que muestra. 7 de las 13 sedes activas tienen matrícula por vía PACE, y el reparto no es azar: firmar el convenio separa casi perfectamente al Consejo de Rectores del resto (a nivel país, 93% de las CRUCH contra 15% de las privadas fuera del consejo). Acá lo confirman U. Téc. Federico Santa María, Pontificia U. Católica de Valparaíso (Gran Valparaíso), U. de Valparaíso (Aconcagua), U. de Valparaíso (Gran Valparaíso) y 2 más — y también U. de Aconcagua, desde fuera del consejo. La excepción que preguntar es Pontificia U. Católica de Valparaíso (Quillota): CRUCH sin matrícula PACE.

Que las privadas fuera del consejo marquen 0% no dice nada sobre cada una por separado: el PACE es un convenio que en la práctica solo tienen las del consejo, así que el cero es lo esperable de su grupo. Y las vías de equidad —PACE, BEA y cupos de género— mueven una fracción pequeña de la admisión incluso donde existen: señalan hacia dónde mira una institución, pero no son la puerta por la que entra la mayoría del alumnado.

Quién llega con historia previa

Los dos ejes que siguen miran a quien no viene directo de la enseñanza media: el que ya estaba en la misma institución y el que vuelve con un título terminado.

La apuesta por la segunda carrera: U. de Aconcagua

Lo que muestra. En U. Adolfo Ibáñez, el 46% de quienes entran ya estaba en la misma institución — 5,0 veces el 9,3% nacional. Ese indicador mezcla tres cosas que conviene no confundir: el cambio de carrera dentro de la misma institución; los programas de continuidad —plan común o bachillerato que desembocan en la carrera definitiva—; y el paso desde el instituto profesional o CFT del mismo grupo, cuando existe. Las dos últimas son diseño institucional, no arrepentimiento del estudiante.

Y en U. de Aconcagua, el 23% ya tenía un título de otra carrera — contra 6,6% nacional, con 39% de mayores de 30. Una proporción tan por encima de sus pares no es azar de la demanda: una explicación compatible es una estrategia deliberada hacia el segmento con estudios previos — personas que vuelven a estudiar para reconducir su carrera.

Cuánto cuesta y quién lo paga

El arancel y la gratuidad se leen juntos: arancel alto con gratuidad alta significa que lo cubre mayoritariamente el Estado; arancel alto con gratuidad cero, que se financia con pago directo, becas o crédito.

La adhesión a gratuidad divide a la región

Lo que muestra. 4 de las 13 sedes activas no están adscritas a gratuidad, con 25.187 entrantes entre todas: para su alumnado el beneficio no existe, cualquiera sea su situación socioeconómica.

En admisión, 7 sedes tienen matrícula por vía PACE y 6 no. El cero no es un valor bajo: es no haber firmado convenio. El arancel más alto es el de Pontificia U. Católica de Valparaíso ($6,2M) con 72% de gratuidad: lo cubre mayoritariamente el Estado.

Una explicación compatible con que una institución no adhiera a gratuidad es que su modelo de financiamiento dependa del arancel; otra, que no cumpla los requisitos de acreditación que el sistema exige. Estos datos no las distinguen: solo registran el hecho.

6 · Dónde los eligen

El orden en que un postulante lista sus opciones es el único registro donde queda escrito qué quería antes de saber qué consiguió. La fracción que puso esta sede como primera preferencia separa al alumnado convencido del desplazado — el que llegó ahí sin que fuera su primera opción.

⚠ No es prestigio, y probablemente tampoco deseabilidad pura. Si el postulante ya descuenta su propio puntaje al armar la lista —poniendo primero lo que cree alcanzable— esta cifra mide deseabilidad filtrada por expectativa de admisión, y sobreestima a las sedes intermedias.

Lo que falta para resolverlo es la matriz de sustitución: de quienes pusieron una sede primero y no entraron, dónde quedaron. Eso revelaría qué instituciones se tratan como intercambiables entre sí, y aún no está construida.

7 · En qué termina

Los cuatro desenlaces de una cohorte, que suman 100%: titularse en la carrera donde entró, titularse en otra, seguir estudiando, o salir sin título. Mostrar solo los extremos invita a leerlos como complementarios, cuando entre ambos hay una parte de la cohorte que cambió de rumbo sin abandonar.

Fuente y alcance. Cohortes de entrada 2011-2016 —las que ya tuvieron al menos ocho años para titularse—, con el entrante identificado por su primera matrícula y la titulación observada hasta 2024. Se computa sobre el registro completo, como el resto del reporte. ⚠ Describe a quienes entraron hace una década: las sedes que cambiaron de composición desde entonces —y las que no existían— no quedan retratadas por esta cifra.

De cada cohorte, quién llegó a titularse

Lo que muestra. La titulación en la carrera de entrada va de 87% en U. de Valparaíso · Aconcagua a 41% en U. de Aconcagua · Aconcagua. Y la fila del medio importa: en torno a un sexto de cada cohorte se tituló, pero en otra carrera — cambió de rumbo sin abandonar el sistema (el máximo es U. Téc. Federico Santa María · Gran Valparaíso, con 30%). Leer solo "titula" contra "sin título" borra a ese grupo.

El otro extremo también tiene nombre: en U. de Las Américas · Gran Valparaíso, el 32% de la cohorte salió sin ningún título.

Una explicación compatible con una titulación baja es una admisión menos selectiva — pero también lo son las carreras más largas, el trabajo en paralelo y el cambio a otra institución. Estos datos no separan las causas. Y la cifra describe a quienes entraron hace una década: no es una promesa sobre la sede de hoy.

La región en tres planos

Cada plano cruza dos ejes ya mostrados, y las líneas punteadas marcan el valor nacional de cada uno: así los cuadrantes tienen un significado fijo y no dependen de quién esté en esta región. El área de cada círculo es la matrícula de la sede: un punto grande y uno chico en el mismo cuadrante no pesan lo mismo.

Dónde cae cada sede

Lo que muestra. 3 sedes de la región combinan puntaje sobre el valor nacional con alumnado prioritario también sobre él: Pontificia U. Católica de Valparaíso (Gran Valparaíso), U. de Valparaíso (Aconcagua), U. de Valparaíso (Gran Valparaíso). Es la esquina más exigente del plano — selectividad académica sin composición acomodada.

Y U. Téc. Federico Santa María, U. Adolfo Ibáñez combinan puntaje alto con alumnado prioritario bajo el valor nacional: su selectividad convive con una composición social menos vulnerable que el promedio del país.

En el plano del rendimiento escolar, Pontificia U. Católica de Valparaíso (Gran Valparaíso), U. de Valparaíso (Aconcagua), U. de Valparaíso (Gran Valparaíso) concentran a estudiantes del 10% superior de su establecimiento y a la vez alumnado prioritario sobre el valor nacional: captan buen desempeño donde el puntaje absoluto no lo refleja.

Y en el plano del precio, U. Adolfo Ibáñez, U. Andrés Bello, U. de Las Américas cobran sobre el arancel promedio nacional con gratuidad bajo el promedio: es el tramo donde el costo recae en las familias — o en becas y crédito.

Notas de método

Una variable que deliberadamente no está: el género

La proporción de mujeres varía de 12% a 80% entre sedes del país, pero su R² de sede es 0,14: esa variación describe qué carreras dicta cada institución, no su política de admisión. Ponerla aquí invitaría a leer como rasgo de la institución algo que es de la disciplina.

El dato existe y está disponible para quien lo necesite; queda fuera de este documento a propósito.

Sobre este reporte

Para quién. Para quien necesita entender la educación universitaria de la región sin ser especialista —autoridades, instituciones, orientadores, prensa—. Describe; no recomienda dónde estudiar, y ninguna de sus cifras alcanza por sí sola para juzgar la calidad de una institución.

El lenguaje. Se habla de mercado, competidores y captación porque el análisis sigue al estudiante y sus decisiones. Es un marco analítico, no una postura sobre cómo debería organizarse la educación.

La unidad. El análisis es por región: se midió a dónde va cada generación y casi ninguna ciudad no-capital sostiene mercado propio. La sede sí es por ciudad —una universidad que opera en dos ciudades recibe gente distinta en cada una— y por eso las etiquetas llevan las dos cosas.

Lo que este reporte aún no responde. Los años de acreditación institucional de cada universidad; a qué institución habría ido quien no quedó donde quería; y la titulación de cohortes recientes — la que se muestra es de quienes entraron en 2011-2016, porque una tasa seria exige al menos ocho años de seguimiento. Están declaradas, no omitidas.


*Elaborado sobre los registros de matrícula, admisión y titulación del SIES-MINEDUC y del DEMRE, y sobre el registro escolar del MINEDUC (egreso de enseñanza media y Subvención Escolar Preferencial). Universo: universidades con matrícula vigente en 2025, carreras que conducen a licenciatura, pregrado.

↑